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Cuando estuve en los Himalayas decidí acompañar a mi amigo Serge en una caminata de 4 dias, cruzando las montañas, desde Gangotri hacia Kedarnath (templos sagrados de los
Hindues). El primer día todo salió perfecto, caminamos carretera abajo por 25 Km, sin embargo al día siguiente mis rodillas comenzaron a mostrar dificultades. Apenas llegamos al pueblo siguiente, 20 km camino
abajo, el clima comenzó a cambiar y debido a la incesante lluvia decidimos seguir en el bus. Después debimos quedarnos por unos días en un pueblo cerca a nuestro destino. Fue la oportunidad para dejar
descansar mis rodillas mientras observaba las gotas de la lluvia resbalar por la ventana.
Apenas salió de nuevo el sol partimos encaminándonos en los últimos 18 km hacia nuestro destino, esta vez montaña arriba. El último trecho se tornó sumamente
difícil, cojeando y con grandes dolores en mis rodillas logré apenas llegar al hospedaje.
Agotada me recosté sobre la cama colocando mis manos sobre la cadera y en un instante me quedé dormida. Serge, Mientras tanto fue a buscar una mula que me transportase al
dia siguiente en la bajada.
Al despertarme decidí intentar un paseo por el pueblo. Asombrada descubrí que no sentía molestia alguna en mis piernas, asi que nos aventuramos a subir la colina buscando
tener una buena vista ... y... que alegría!...no sentí ningún dolor.
Durante la noche de nuevo me sostuve la cadera.
Al dia siguente incluso pude caminar otros 5 km montaña arriba para visitar un pequeño lago glaciar. Todo se dio en forma tan suave y sin molestia alguna que decidí bajar
los 18 km a pie. Esta vez llegue sin ningún problema.
Que experiencia tan fabulosa saber que mis propias manos tienen la capacidad de “ponerme de pie” en cualquier momento!
Relato: Leonor Schmidt
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